Los molinos
Junto a la red de acequias, destinadas principalmente al riego de los cultivos, se generan otras actividades de carácter proto-industrial, social o de ocio, que van a producir en asociación a ellas diversos tipos arquitectónicos.
Los molinos en Nigüelas
Son numerosos los ejemplos de molinos conservados, lo que constata que la actividad industrial a lo largo de la historia de Nigüelas ha sido notable.
De aceite destaca la almazara de Laerillas, actualmente musealizada. De harina hay cinco: el molino Alto, el de Petaca, el Canario, el del Vizco (es hoy un restaurante, conocido como Alquería de los lentos) y el de Lorenzo, convertido en centro agroturístico.
Los tres últimos situados en el camino de Dúrcal. Tomaban el agua de la acequia de este municipio, que bajaba desde el paridos de la Pavilla, pasando por ellos.
La mayoría presentan un grado importante de transformación, con motivo del cese de la actividad y su posterior acondicionamiento a vivienda.
La característica común es que funcionaban tomando la fuerza del agua, pertenecen, por tanto, todos ellos a los llamados ”molinos hidráulicos”. El ejemplo más antiguo lo encontramos en la almazara de Laerillas, en el que además se conserva el único ejemplo de molino de sangre. Era movido por la fuerza de un animal.
Como muestra de la evolución en el funcionamiento de los molinos, consecuencia de las mejoras técnicas, hay, también, un molino eléctrico de aceite, situado en la entrada del pueblo, que no funciona. De características similares era el ubicado dentro de los jardines Müller, hoy perdido.
El proceso del trabajo de los ingenios que utilizaban el agua como fuerza motriz era el siguiente: requerían la construcción de una serie de elementos previos que permitieran captar, conducir y controlar la velocidad del agua, para ello era conducida por medio de un canal artificial o acequia, denominado caz.
En los ríos de poco caudal los molineros construían balsas o albercas para almacenarla y regularla.
Con el fin de aumentar la fuerza del agua se empleaba una rampa, un cubo, o ambos elementos juntos, dependiendo del número de rodeznos - es una rueda hidráulica que se encarga de transmitir el movimiento - a accionar. Esto ha dado lugar a dos tipos distintos, el molino de rampa y el molino de cubo. En la parte inferior de ambos elementos se disponía el bocín cuya función era incrementar la fuerza de choque contra los álabes o paletas del rodezno, accionado por la fuerza del agua al salir del bocín. El rodezno estaba cubierto por los cárcavos, que es la bóveda del molino. Cada molino tenía tantos cárcavos como rodeznos a mover.
Una vez puesto en marcha, el agua volvía a la acequia, ahora llamada canal de fuga o socaz. A ella se unía la procedente del aliviadero en caso de que aumentara y rebosara. A partir de aquí la acequia continuaba su curso normal.
La estructura general del edificio no es especialmente notable ni suntuosa. En planta, normalmente, normalmente, tiene forma de “T” o “L”. La cubierta se realiza a dos aguas mediante una estructura de madera revestida de teja árabe. El edificio suele tener los muros, tanto interiores como exteriores, encalados.
Para conocer la historia que la actividad proto-industrial tuvo en este municipio recurrimos, de nuevo, a alas fuentes históricas.
El libro de apeo y repartimiento de suertes de 1572 recoge dos molinos de aceite dentro del pueblo “el uno de ellos está bueno y con todos los aderezos, tienenlo los vecinos arrendado por doce mil y quinientos maravedis cada año de los tres del arrendamiento; el otro molino está perdido e quemado por el suelo sin tener cosa alguna”. El primero probablemente sea la actual almazara de Laerillas fechada en el siglo XII.
Cinco son los molinos de “pan pequeño” existentes en este momento, son moriscos. Sólo uno de ellos muele utilizando el agua procedente de la acequia. Este molino es arrendado a los vecinos por tres años, y formando parte de este arrendamiento están el resto de los molinos, por lo que el deseo generalizado es arreglarlos para sacarle beneficio: “podrán rrentar en cada un año cada uno de ellos cinco ducados”.
El catastro del Marqués de la Ensenada, en el XVIII, nos dice al respecto que hay tres molinos harineros: uno de don Francisco de Zaragoza, presbítero de Padul; otro llamado “ el del lugar” de Sebastian Morales; y un tercero, perteneciente a don Francisco Guerrero de Málaga.
Las fuentes orales nos informan de que el primero es el actual molino Canario; el segundo, es el molino de Petaca; y el tercero, es el molino del Vizco o Alquería de los Lentos.
De aceite hay un molino, perteneciente a don Juan de Zaragoza; y dos almazaras o presillas. Una de la capilla de don Antonio Herrera, cura de Talará; arrendada a don Andrés de Zaragoza; la otra es propiedad de don Juan de la Cueva Pacheco.
Madoz en 1849 simplemente se refiere a la existencia de dos molinos de harina y siete de aceite.
El molino más antiguo: La almazara de las Laerillas
Sólo podemos afirmas que de todos los molinos existentes en este momento, el de aceite de Laerillas es el más antiguo y el que casi con seguridad aparece recogido desde un principio en el libro de apeo de 1572. Con respecto a los restantes, si atendemos a las fuentes históricas, vemos ciertas variaciones en cuanto a los enumerados. Lo que sí es cierto. Es que en 1572 se habla de cinco molinos de harina, esto nos lleva a pensar en la posibilidad de que sean los mismos cinco que han llegado hasta nuestros días, y aunque en los siglos XVIII y XIX algunos no aparezcan recogidos, se puede deber simplemente a que no estaban en funcionamiento en ese momento.
Recientemente construida es la central hidroeléctrica, situada por encima de la presa de derivación. Es un buen ejemplo de aprovechamiento de los recursos naturales- el agua del río Torrente- para producir energía.
