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Valle de Lecrín

La agricultura en el Valle de Lecrín.

Distinción entre la zona alta.

Tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos, y posteriormente con la expulsión de los moriscos se panteo el problema de la repoblación de los territorios deshabitados (los moriscos expulsados fueron sustituidos por nuevos pobladores de otros lugares de Andalucía, la Meseta y Galicia), que era necesario cultivar y atender.

Los nuevos pobladores desconocían las técnicas agrícolas y esto dio lugar a una transformación muy acusada en el campo y a una recuperación lenta. Después de este primer momento de adaptación, las tierras volvieron a ponerse en valor y experimentaron un crecimiento significativo.

Las tradicionales explotaciones de los árabes fueron sustituidas en muchas zonas por cultivos herbáceos, que pasaron a ocupar el primer lugar, especialmente los cereales.

Otros cultivos de la época fueron los viñedos y los olivares, intercalados entre los demás.

Más limitados eran los frutales - granados, almendros, cerezos, perales, albaricoques, etc. -, los cuales se disponían en pequeños huertos o dispersos por el campo.

Los agrios, que hoy constituyen la principal riqueza del Valle, fundamentalmente de la zona baja, tuvieron muy poca importancia durante el siglo XVI.

El caso de la morera y la cría del gusano de seda es particular, este cultivo que abastecía a la importante industria sedera granadina, logró sobrevivir durante algún tiempo gracias a la labor incesante de los moriscos.

En el siglo XVIII la actividad agrícola es similar a la anterior, si bien el olivo y el viñedo adquieren gran importancia. Los morales aunque apenas se trabajan todavía se mantiene. Los agrios continúan sin tener tanta relevancia como en la actualidad, su producto servía fundamentalmente para autoconsumo.

En el siglo XIX se producen una serie de hechos que son los que van a marcar el desarrollo del paisaje agrícola tal y como hoy lo entendemos. Por un lado, la desamortización de Mendizábal que afectó a la propiedad, pasando de grandes extensiones en manos de la iglesia a una mayor división de estas. Por otro, las roturaciones de bienes de propios que se realizaron en los bordes de las zonas cultivadas ganaron terreno a zonas incultas de monte, y aprovecharon los lugares más apropiados para el establecimiento cerealista. Y por último, es ahora cuando los agrios se convierten en la principal riqueza agrícola.

Sin embargo, dentro del propio Valle se dan contradicciones geográficas y climáticas que han generado diferencias en la actividad agrícola:

  1. La zona alta, en la que se incluyen Padul, Dúrcal, Cozvíjar, Nigüelas, Acequias o Mondújar. A causa de que los inviernos son más fríos, con heladas frecuentes en los meses de diciembre, enero y febrero, se dedican a cultivos herbáceos, olivar y frutales. Por este motivo los agrios son escasos.
  2. En la zona baja, descendiendo hacia el corazón del Valle las precipitaciones se reducen al disminuir la altitud. Las temperaturas más elevadas propician la existencia de cultivos como los agrios, en monocultivo o asociados con el olivar. Es, sobre todo ésta, la imagen de que dado singularidad y originalidad al Valle de Lecrín. (Villegas Molina, 1993: 458 y 459).
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