Exuperancia Martín
Cuando nació mi hermano pequeño, Dionisio, yo tenía 12 años y para poder irme a jugar, tenía que llevármelo conmigo, era demasiado bueno y apenas lloraba nunca, tanto que yo a veces lo pellizcaba para que llorara y poderme ir, aunque fuera con el en brazos y no tener que estar bordando con mi madre.
